Rectificación de pedimentos: cuando corregir se convierte en una decisión estratégica
- Vero Sosa

- hace 2 horas
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Durante muchos años, la rectificación de pedimentos fue vista como el último paso para “arreglar” un error en la operación aduanera. Algo no cuadró, se rectifica y se sigue adelante. Sin embargo, la Reforma a la Ley Aduanera marca un antes y un después en esta práctica. Hoy, rectificar ya no es solo una acción técnica; es una decisión estratégica que revela el nivel de control, orden y madurez de una empresa frente al cumplimiento.
En un entorno cada vez más digital y fiscalizado, cada rectificación cuenta una historia… y la autoridad la está leyendo con lupa.
La ley sigue reconociendo el derecho de los contribuyentes a modificar los datos del pedimento y protege la rectificación espontánea frente a multas. Pero el mensaje es claro: rectificar no significa borrar el pasado ni cerrar el riesgo. La propia norma establece que la rectificación no prejuzga sobre la veracidad de lo declarado ni limita las facultades de comprobación de la autoridad. En la práctica, esto implica que cada corrección debe ser coherente con el expediente electrónico, la
manifestación de valor, los documentos transmitidos y la realidad de la operación. Rectificar sin soporte hoy es como corregir una cifra sin poder explicar su origen.
Con la Reforma, la rectificación se conecta directamente con temas sensibles como regulaciones y restricciones no arancelarias, números de identificación comercial, precios estimados y cuentas aduaneras de garantía.
Errores en estos puntos ya no solo generan diferencias económicas, sino consecuencias operativas reales, como suspensiones temporales para importadores y agentes aduanales. En este nuevo escenario, la autoridad no observa un pedimento aislado: analiza patrones, frecuencia de errores y consistencia en el tiempo. La rectificación deja de ser un trámite para convertirse en un indicador de riesgo.
Por eso, el verdadero cambio no está en aprender cuándo se puede rectificar, sino en por qué se tuvo que rectificar. La rectificación en 2026 exige análisis de causa raíz, control interno y una visión preventiva. Las empresas que entienden esto no temen corregir, pero tampoco rectifican a la ligera. Utilizan la rectificación como una herramienta de mejora continua, no como un salvavidas de último momento. Porque en la nueva aduana, cumplir no es hacer más movimientos en el sistema, sino tomar mejores decisiones desde el origen de la operación.

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