El riesgo invisible que frena tu operación
- Vero Sosa

- 25 ene
- 2 Min. de lectura
Durante años, muchas empresas han medido su competitividad en función del precio, la rapidez logística o la capacidad de negociación con proveedores. Sin embargo, la Reforma a la Ley Aduanera ha cambiado el terreno del juego: hoy, la verdadera ventaja competitiva está en el cumplimiento. No cumplir ya no solo implica una posible multa; implica perder confianza, continuidad operativa y, en el peor de los casos, mercado. El costo oculto no siempre se ve reflejado de inmediato, pero se manifiesta cuando la operación se frena, el cliente duda o la autoridad observa con lupa.
Uno de los puntos más subestimados —y al mismo tiempo más críticos— es la póliza de seguro global. Muchas empresas la contratan como un trámite más, sin revisar su alcance, vigencia, cobertura real ni congruencia con el volumen y tipo de operaciones. Bajo la nueva lógica de fiscalización, una póliza mal estructurada, insuficiente o incongruente con la operación se convierte en un foco rojo. No tenerla alineada al riesgo real puede dejar a la empresa expuesta justo cuando más necesita respaldo: ante un crédito fiscal, un procedimiento administrativo o una contingencia mayor.
La pérdida de competitividad no ocurre de golpe; sucede en silencio. Empieza cuando una empresa destina tiempo y recursos a atender requerimientos evitables, cuando su operación se vuelve más lenta por revisiones constantes o cuando deja de ser atractiva para clientes que buscan socios confiables y ordenados. En un entorno donde la autoridad exige coherencia documental, trazabilidad y gestión de riesgos, el incumplimiento se traduce en costos financieros, reputacionales y estratégicos. Y eso, tarde o temprano, se refleja en precios menos competitivos y oportunidades perdidas.
Cumplir con la Reforma Aduanera —incluida una correcta póliza de seguro global— no es un gasto, es una inversión en continuidad, credibilidad y crecimiento. Las empresas que entienden esto no solo evitan sanciones: operan con mayor certidumbre, toman mejores decisiones y se posicionan como actores sólidos en la cadena de suministro. Hoy, la competitividad no se defiende bajando costos a ciegas, sino construyendo operaciones robustas, alineadas y preparadas para el nuevo estándar del comercio exterior.

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