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Cuando el tiempo también pasa factura

En comercio exterior, cada minuto cuenta. Un contenedor detenido más allá del tiempo libre no solo representa una cifra en una factura: es capital inmovilizado, relaciones tensionadas y oportunidades perdidas. Los almacenajes y demoras no avisan, se acumulan silenciosamente entre correos sin respuesta, pedimentos pendientes o simples malentendidos en la cadena logística. Y cuando llegan… duelen más que cualquier impuesto.


La mayoría de los importadores aprende esta lección a golpes. Un retraso en la validación del pedimento, una revisión inesperada o una falta de coordinación entre el agente aduanal, el naviero y el transportista puede convertir un costo controlado en una fuga financiera. En ese momento, la frase “ya llegó el embarque” deja de sonar a logro y empieza a oler a urgencia. La clave está en anticipar, no en reaccionar.


Aplicar la filosofía Kaizen Compliance significa entender que la eficiencia no se logra corriendo, sino planificando. Cada día de demora evitado es resultado de procesos claros, comunicación constante y documentación impecable. El importador que mide, analiza y mejora reduce sus tiempos muertos y gana algo más valioso que dinero: confianza y reputación.


Así como una máquina bien calibrada produce sin fricciones, una operación aduanera bien gestionada fluye sin sorpresas. Transformar los almacenajes en eficiencia es posible cuando cada actor en la cadena asume su parte del proceso con orden, visión y mejora continua. En Kaizen decimos: “El tiempo no se recupera, pero sí se puede optimizar.”


 
 
 

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