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Cuando el miedo se almacena en la aduana

Hay un temor que todo importador conoce: el de ver los anaqueles vacíos mientras el contenedor sigue detenido en puerto. Es ese silencio incómodo entre lo que ya vendiste y lo que aún no llega. Un cliente esperando, un pedido que se retrasa y una cadena logística que se tensa. No es solo una falta de inventario; es una pausa que cuesta reputación, confianza y oportunidades.


Con los recientes cambios en la Ley Aduanera, las demoras y almacenajes ya no solo dependen del clima o del transporte, sino del cumplimiento documental. Un certificado incompleto, una manifestación de valor errónea o un expediente que no cumple con la nueva normativa puede detener toda una operación. Hoy, el reto no es mover más rápido, sino mover con precisión y método. La prevención se ha convertido en la mejor estrategia para mantener el flujo constante de mercancías.


Por eso, los líderes logísticos ya no temen a la aduana: la entienden. Saben que detrás de cada trámite hay una historia que puede contarse bien o mal. Y quienes la cuentan con orden, claridad y cumplimiento, evitan los capítulos de emergencia. Tener inventario disponible no es cuestión de suerte, sino de Kaizen Compliance: revisar, mejorar y anticipar cada paso del proceso.


En este nuevo escenario, la diferencia entre el estrés y la estabilidad se llama planeación. Si un importador quiere dormir tranquilo, debe hacer del cumplimiento su mejor aliado.


En comercio exterior, el miedo a quedarse sin inventario no se vence corriendo… se vence preparando. Cada documento completo, cada trámite anticipado y cada proceso bien hecho es una forma de mantener el flujo y la calma. Porque en la aduana —como en la vida— quien se adelanta al problema, nunca se detiene en el miedo.



 
 
 

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